¿Qué ver en el Centro Histórico de Quito?

Plaza Grande De Quito Ecuador

Embárcate en un viaje a través del tiempo a medida que exploremos juntos las maravillas del Centro Histórico de Quito, un tesoro cultural que cautiva a cada paso con su esplendor colonial y un imponente legado histórico.

En este fascinante tour, te invitamos a descubrir los secretos mejor guardados de esta ciudad declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, donde las calles empedradas, el susurro de los cuentos de la conquista y la revolución, y majestuosas iglesias y palacios te transportarán a épocas pasadas de la grandeza y esplendor.

Desde la emblemática Plaza Grande a los más remotos rincones donde se entrelazan las historias olvidadas, cada paso en el Centro Histórico de Quito es una experiencia enriquecedora, que despierta los sentidos y enciende la imaginación.

Además, vamos a brindarte algunos consejos de hospedaje cerca de la zona, para que visites la ciudad sin alejarte de los lugares más turísticos y para que puedas aprovechar los mejores precios de un hotel en el centro de Quito. Sin duda llegaste al lugar indicado.

Estás buscando cosas para hacer en Quito?

Los turistas visitan nuestra ciudad año tras año por muchos motivos: el contacto con la naturaleza, la gastronomía, la proximidad a la cordillera de los Andes, su arquitectura, su gente... Hay un sinfín de posibilidades para hacer en Quito, pero es altamente recomendable empezar por el Centro Histórico.

Es uno de los más grandes y mejor conservados de los centros históricos en América latina, lo que lo convierte en un destino imperdible para cualquier viajero ávido de historia y cultura. Hoy te mostramos 7 lugares para visitar en Quito, Ecuador.

Un Imperdible: La Plaza San Francisco y sus Alrededores

Sumérgete en el corazón histórico de Quito y descubre el encanto inigualable de la Plaza San Francisco y su entorno. Esta emblemática plaza, ubicada en el corazón del Centro Histórico de la ciudad, es mucho más que un simple espacio público: es un verdadero crisol de la historia, la cultura y vida local que cautiva a aquellos lo suficientemente afortunados para visitarla.

En el centro de la plaza se alza la majestuosa iglesia y convento de San Francisco, una joya arquitectónica que data del siglo XVI y una de las principales referencias del arte colonial en el Ecuador.

Su ornamentada fachada y la imponente torre campanario, son sólo el preludio de la belleza que les espera en el interior, donde se pueden admirar los retablos tallados en madera dorada, sagradas obras de arte, y una atmósfera de serenidad y solemnidad que te transportará a tiempos pasados.

Pero la Plaza San Francisco no es sólo la sede de esta magnífica iglesia: sus alrededores están llenos de vida y color, con empedradas calles entre casas coloniales, el encanto de los pequeños cuadrados, y una vibrante actividad comercial y cultural que invita a perderse y explorar cada rincón.

Aquí encontrarás mercados tradicionales donde podrás deleitarte con la gastronomía local, tiendas de artesanías donde descubrirás souvenirs únicos y pequeños cafés y restaurantes que ofrecen delicias culinarias ecuatorianas. Además, podrás admirar la arquitectura de edificios históricos como el Palacio Arzobispal y el Teatro Bolívar, de los cuales hablaremos más adelante.

Corazón de Quito: El Conjunto Arquitectónico de la Plaza Grande

Rodeado de imponentes edificios coloniales y llena de significado histórico, este conjunto arquitectónico es una visita obligada para cualquier persona que deseen sumergirse en la riqueza patrimonial de la capital Ecuatoriana.

Dominando la plaza se alza el majestuoso Palacio de Carondelet, sede del gobierno ecuatoriano y testigo silente de siglos de historia política y social. Su imponente fachada neoclásica y su interior ricamente decorado son una muestra del poder y la grandeza de épocas pasadas, mientras que sus balcones ofrecen una vista privilegiada de la plaza y sus alrededores.

Justo al lado, se encuentra la imponente Catedral Metropolitana de Quito, una obra maestra de la arquitectura colonial que combina elementos barrocos, renacentistas y góticos. Su interior es igualmente impresionante, con altares dorados, pinturas religiosas y una atmósfera de serenidad y reverencia que invita a la contemplación.

Un Viaje al Pasado en la Iglesia de la Compañía

Construida durante el auge del siglo XVII, la Iglesia es un testimonio tangible del esplendor colonial de la región. ¡No podemos dejar de mencionar que es reconocida a nivel internacional como una de las joyas coloniales más importantes de Latinoamérica!

La fachada de la Iglesia de la Compañía es una obra maestra en sí misma, adornada con detalles exquisitos que dan la bienvenida a visitantes de todo el mundo. Tallados en piedra y decorados con motivos religiosos y símbolos cristianos, estos elementos arquitectónicos revelan la habilidad y la devoción de los artesanos que dedicaron años a su creación.

Al adentrarse en el interior, uno queda inmediatamente envuelto por la opulencia y el esplendor que caracterizan al barroco sudamericano. Las paredes están revestidas con paneles de madera tallada y cubiertas con láminas de pan de oro, mientras que los techos están decorados con frescos que relatan escenas bíblicas y glorifican la vida de los santos.

Los altares, ricamente ornamentados con esculturas y relieves, compiten por la atención de los visitantes, quienes quedan hipnotizados por la belleza y la majestuosidad de estas obras de arte sacro. Cada detalle, desde los candelabros hasta los bancos de madera tallada, está cuidadosamente diseñado para inspirar reverencia y devoción en aquellos que pisan este sagrado recinto.

La Iglesia de la Compañía de Jesús no sólo es un lugar de culto, sino también un símbolo del legado cultural y religioso de Ecuador. A lo largo de los siglos, ha resistido terremotos, conflictos y cambios políticos, manteniéndose firme como un faro de fe y esperanza para la comunidad local y los visitantes que la admiran.

Barrio La Ronda entre historias, tradiciones y expresiones de arte

Caminar por las angostas calles de La Ronda es deleitarse con una atmósfera única, donde la arquitectura colonial se mezcla con el bullicio de la vida moderna. Las fachadas coloridas y las ventanas adornadas con flores transportan a los visitantes a una época pasada, mientras que los talleres y tiendas de artesanos exhiben el talento de la comunidad local.

Sin duda, es un centro vibrante de actividad cultural que se puede disfrutar tanto de día como de noche.

Durante el día, los visitantes pueden explorar las galerías de arte y los museos que salpican el barrio, descubriendo la rica historia y la diversidad cultural de Quito. Por la noche, La Ronda cobra vida con música en vivo y bailes tradicionales, donde lugareños y turistas se unen para celebrar la vida y la alegría de la cultura ecuatoriana.

La historia de La Ronda se remonta a la época colonial, cuando era hogar de artistas, poetas y músicos que encontraban inspiración en sus calles empedradas. Hoy en día, el barrio continúa siendo un refugio para la creatividad y la expresión artística, con numerosos eventos y festivales que celebran las tradiciones del país y fomentan el intercambio cultural.

Cada esquina ofrece una nueva sorpresa, ya sea en forma de una antigua casona restaurada o un espectáculo de danza folclórica.

La Imponente Fachada del Teatro Sucre

Con su fachada majestuosa y su rica historia, este teatro es mucho más que un simple lugar de entretenimiento: es un monumento cultural que ha sido testigo de siglos de arte, música y drama en la capital ecuatoriana.

Las columnas Corintias, arcos decorativos, ornamentales y detalles de dar testimonio del ingenio y la maestría de los arquitectos que lo diseñaron, mientras que las estatuas que adornan su entrada principal añadir un toque de grandeza y sofisticación.

Su sala principal, con su decoración exquisita y su impresionante cúpula decorada, es el escenario perfecto para disfrutar de una noche de ópera, ballet o teatro.

Además de su belleza arquitectónica, el Teatro Sucre también tiene una rica historia que contar. Desde su inauguración en el siglo XIX, ha sido escenario de eventos históricos importantes y ha acogido a algunas de las figuras más destacadas del mundo del arte y la cultura en Ecuador y más allá.

La Grandeza Colonial del Palacio de Carondelet

La historia del Palacio de Carondelet se remonta al siglo XVI, cuando fue construido como residencia para los gobernadores coloniales de la región. A lo largo de los siglos, ha sido testigo de momentos históricos cruciales para el país y ha sido escenario de importantes decisiones políticas y sociales.

La arquitectura del Palacio de Carondelet es un magnífico ejemplo del estilo neoclásico, con sus columnas corintias, sus frontones triangulares y sus detalles ornamentales que evocan la grandeza de la Antigua Roma. La fachada del edificio, con sus balcones de hierro forjado y sus ventanas enrejadas, es un testimonio de la elegancia y el refinamiento de la arquitectura colonial.

Lo interesante es que, en su interior, se encuentran las oficinas del presidente de la república y otras dependencias gubernamentales, donde se toman decisiones que afectan el destino del país.

El Palacio del Arzobispo y su Influencia Histórica

Construido en el siglo XVI, el Palacio Arzobispal ha sido durante siglos la residencia de los arzobispos de Quito y un centro neurálgico de la vida religiosa y social de la ciudad. Su imponente fachada, con sus balcones de hierro forjado y sus ventanas enrejadas, es un ejemplo magnífico de la arquitectura colonial española, mientras que su interior alberga una colección impresionante de arte sacro y mobiliario antiguo.

Durante siglos, ha sido el escenario de importantes eventos políticos y sociales, y ha desempeñado un papel crucial en la vida espiritual y cultural de la ciudad.

Hoy en día, el Palacio Arzobispal sigue siendo un lugar de gran importancia para la comunidad católica de Quito, y sus puertas están abiertas para todos aquellos que deseen explorar su rica historia y su magnífica arquitectura. Es un recordatorio vivo del legado de la Iglesia en Ecuador y un testimonio de la profunda conexión entre la fe y la historia en esta tierra.

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